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La expansión de teleféricos en Ciudad de México genera dudas y reclamos: ¿solución de movilidad o problema sin resolver?

Una obra ambiciosa de transporte urbano despierta expectativas y preocupaciones entre pobladores y comunidades

En la Ciudad de México están en marcha nuevos proyectos de teleféricos urbanos impulsados por el gobierno capitalino, con la promesa de mejorar la movilidad en zonas de difícil acceso. Pero no todas las voces están a favor: habitantes de varias alcaldías han expresado temor ante la falta de información, el impacto ambiental y la manera en que se ha manejado la consulta pública.

Esta discusión se ha intensificado en barrios como La Magdalena Contreras y Milpa Alta, donde el sueño de un transporte más rápido y ecológico convive con el reclamo de transparencia y respeto a derechos comunitarios. Lo que podría ser un proyecto emblemático de movilidad urbana para una metrópoli congestionada, también encierra dudas sobre procesos participativos, seguridad y consecuencias sociales.

A continuación te explico con claridad qué está sucediendo, por qué importa, quiénes están preocupados y qué implicaciones tiene este proyecto para la ciudad y sus habitantes.

Teleféricos como solución de movilidad… y también fuente de inquietud

El sistema conocido como Cablebús —un servicio de teleférico urbano— ya forma parte del transporte público de Ciudad de México desde 2021. Actualmente opera varias líneas que conectan zonas altas con el resto de la ciudad, transportando a millones de personas y ofreciendo un recorrido rápido, económico y con una perspectiva ecológica mayor que los autobuses tradicionales.

Pero ahora el gobierno promueve tres nuevas líneas adicionales de teleférico para expandir esa red, principalmente en las zonas altas del sur, sudeste y sudoeste de la ciudad. En La Magdalena Contreras, por ejemplo, los pobladores están viendo cómo pilotes y estructuras empiezan a surgir en el paisaje urbano, mientras que en Milpa Alta los habitantes reclaman que no se les ha presentado un proyecto detallado ni cifras claras sobre impactos ambientales o sociales.

La intención es clara: mejorar la movilidad en áreas con calles estrechas, tráfico intenso y conexión difícil con otros medios de transporte. Pero la forma en que se ha impulsado el proyecto ha generado resistencia, especialmente porque los residentes consideran que no ha existido una consulta previa adecuada ni explicación comprensible sobre los beneficios y riesgos.

Lo que dicen los vecinos: preocupación por falta de información

Vecinos de diversas comunidades han compartido sus inquietudes de manera pública. En Milpa Alta, por ejemplo, habitantes de San Jerónimo Miacatlán han señalado que sólo han recibido folletos informativos muy básicos y que no se ha presentado un estudio técnico exhaustivo ante los grupos locales, lo que dificulta su participación real en la toma de decisiones.

“No nos han presentado el proyecto, no conocemos los diagnósticos. Solo repartieron folletos muy insípidos. Nos preocupa el impacto negativo y que no haya medidas de mitigación”, dijo una de las residentes preocupadas por los cambios que se avecinan. En este municipio, que tiene más de 152 mil habitantes y tradición comunitaria, la falta de consulta formal ha sido motivo de rechazo al avance de las obras.

Algo similar ocurre en La Magdalena Contreras, donde también conviven zonas urbanas con áreas ecológicas que son clave para la captación de agua, el mantenimiento de espacios verdes y la calidad del aire, en un contexto en el que la urbanización ha ido desplazando gradualmente a los espacios naturales. En una ciudad tan densamente poblada —con más de nueve millones de habitantes y más de 23 millones si se incluye el área conurbada—, las decisiones urbanísticas como estas tienen efectos directos sobre la vida cotidiana de miles de personas.

¿Qué beneficios promete el Cablebús?

A pesar de las preocupaciones, los avances en materia de transporte por cable en la capital no son recientes ni aislados. Según datos disponibles, los teleféricos urbanos han tenido una alta adopción en otras ciudades del mundo con topografía compleja y problemas graves de movilidad, como Medellín, La Paz o Caracas. Este tipo de sistemas permite sortear cuellos de botella urbanos al aprovechar el espacio aéreo para el desplazamiento de personas.

Además, el gobierno capitalino y expertos en transporte han señalado que los teleféricos pueden:

  • Reducir los tiempos de traslado en áreas muy congestionadas.

  • Ofrecer una alternativa energética más limpia comparada con buses tradicionales.

  • Conectar zonas periféricas con centros urbanos y servicios como transporte masivo y estaciones de metro.

De hecho, una de las líneas en desarrollo proyecta convertirse en el teleférico urbano más largo del mundo, con una extensión de más de 15 kilómetros y múltiples estaciones, que tramitará miles de desplazamientos diarios con una capacidad de hasta 3 mil pasajeros por hora por sentido. Si se concluye como está planeado, esta obra no sólo transformará la movilidad en la capital, sino que también colocará a Ciudad de México como referente internacional en transporte por cable.

Qué conocen y qué cuestionan las comunidades afectadas

La tensión central entre gobierno y comunidades es la falta de consulta y de participación social activa. Los pobladores han señalado que no se han celebrado mesas de diálogo amplias, ni se han puesto a su disposición estudios ambientales detallados, evaluaciones de impacto social o análisis técnicos que expliquen, con claridad, cómo se mitigarán posibles efectos negativos.

Lo que sí ha habido son promesas de que el nuevo sistema de teleféricos podría:

  • Reducir el gasto en transporte para quienes viven en zonas altas.

  • Mejorar el acceso a servicios básicos como educación, mercados y atención médica.

  • Disminuir el tráfico vehicular en algunas vialidades.

  • Complementar a otros sistemas de transporte público sostenible.

Pero los residentes preguntan: ¿sabemos realmente cómo se construirá? ¿los beneficios serán para todos? ¿qué pasa con los ecosistemas y los derechos territoriales? Estas preguntas han llevado a comunidades como las de Milpa Alta a exigir que la normatividad sobre consulta indígena y normativas urbanísticas se cumpla de manera efectiva y con respeto a sus tiempos y procesos propios.

¿Por qué importan estos reclamos?

Los sistemas de transporte urbano tienen impacto en muchos aspectos de la vida de una ciudad:

  • Ecológico: cambios en la cobertura del suelo, afectación a áreas naturales y consumo energético.

  • Social: desplazamientos, desplazamientos forzados de asentamientos o transformaciones de barrios.

  • Económico: inversiones millonarias, costos de operación y posibles beneficios económicos indirectos.

  • Cultural: modificación de paisajes tradicionales o territorios comunitarios.

En metrópolis del tamaño de Ciudad de México, donde el transporte público enfrenta desafíos estructurales como congestión, contaminación y desigualdad en accesibilidad, una obra como esta puede ser revolucionaria si se implementa con criterios técnicos sólidos y con participación ciudadana. Pero también puede generar conflictos si se percibe como impuesta o desconectada de las necesidades expresadas por quienes habitan las zonas afectadas.

El futuro del transporte aéreo urbano en México

El proyecto en Ciudad de México se enmarca en un contexto más amplio: varias ciudades mexicanas están apostando por sistemas de transporte por cable como parte de soluciones de movilidad urbana, inspiradas en ejemplos internacionales exitosos. Incluso se prevé que la capital pueda convertirse en la metrópoli con mayor kilometraje de teleféricos urbanos del mundo, un hito que hasta hace poco parecía exclusivo de ciudades sudamericanas con desafíos geográficos específicos.

El reto ahora es lograr que esa visión se combine con transparencia, consulta comunitaria y evaluaciones técnicas claras para que los beneficios realmente lleguen a las personas que más los necesitan, sin dejar de lado el respeto al medio ambiente y a los derechos de las comunidades locales.

¿Solución de movilidad o desafío ciudadano?

La expansión de teleféricos en Ciudad de México representa una apuesta ambiciosa por un transporte urbano más eficiente y menos contaminante. Sin embargo, también ha puesto en evidencia la necesidad de mejor comunicación entre autoridades y comunidad, mayor participación social y transparencia en los procesos de planificación.

Mientras algunos habitantes ven en el proyecto una promesa de alivio frente al tráfico y mejores oportunidades de acceso, otros exigen que se cumplan normas de consulta y que las obras no sacrifiquen calidad de vida ni derechos colectivos.

El éxito de esta iniciativa dependerá tanto de su ejecución técnica como de la capacidad del gobierno para escuchar, informar y construir de manera conjunta con quienes viven cada día los retos de la movilidad en esta gran metrópoli.

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