Internacional

China pasó de prohibir los nacimientos a rogar por ellos: su población cae al ritmo más rápido desde 1949

El envejecimiento y la baja natalidad amenazan la sostenibilidad del país

China está viviendo un momento histórico y, al mismo tiempo, preocupante: después de décadas de políticas estrictas sobre natalidad, su población está disminuyendo al ritmo más rápido registrado desde 1949, el año en que se fundó la República Popular China. Este giro radical de una nación que durante generaciones trató de controlar el número de nacimientos a otra que ahora “ruega” por tener más hijos es, sin duda, uno de los fenómenos demográficos más llamativos del mundo actual.

De controlar nacimientos a preocuparse por su caída

La historia reciente de China en materia de política demográfica es casi única. Durante más de cuatro décadas, el país aplicó una de las medidas más estrictas del mundo para controlar su crecimiento poblacional: la política del hijo único. Con diferentes matices y excepciones a lo largo del tiempo, esta norma limitó fuertemente cuántos niños podía tener una familia y tuvo impacto no solo en la demografía, sino también en la estructura social y familiar del país.

Sin embargo, hace unos años el Gobierno se dio cuenta de que la situación estaba cambiando drásticamente. La combinación de una población que envejece rápidamente, una tasa de natalidad que sigue bajando y desafíos económicos cada vez más visibles llevó a Pekín a replantear su enfoque: dejó de restringir el número de hijos para promover activamente que las familias tuvieran más. Primero se permitió tener dos hijos y luego tres, e incluso se implementaron incentivos económicos y sociales para alentar a las parejas a formar familias más grandes.

¿Pero funcionó?

La respuesta corta es que no. A pesar de las reformas legales y los diversos incentivos gubernamentales, la tasa de natalidad siguió cayendo. Las cifras oficiales muestran que en 2025 nacieron solo 7.92 millones de bebés, una caída de aproximadamente 17 por ciento respecto al año anterior. Esa cifra es la más baja registrada desde al menos 1949, cuando comenzaron los registros demográficos modernos.

Si miramos la tasa por cada 1,000 habitantes, la cantidad de nacimientos también está en mínimos históricos: apenas 5.63 nacimientos por cada 1,000 personas, un nivel que no se veía desde que el sistema de estadísticas comenzó a funcionar tras la revolución comunista.

¿Por qué ocurre esto si ahora hay más libertad para tener hijos?

La respuesta no está en una sola causa, sino en una combinación de factores sociales y económicos que pesan cada vez más sobre las parejas jóvenes:

  1. Costos de vida cada vez más altos: El costo de la vivienda, la educación y la atención médica en grandes ciudades —donde vive la mayoría de la población— es muy elevado, y muchas parejas sienten que no pueden permitirse tener hijos sin sacrificar su estabilidad económica.

  2. Presiones laborales y de carrera: La competitividad del mercado laboral y las largas jornadas de trabajo hacen que muchas personas pospongan el matrimonio y la maternidad, o incluso opten por no tener hijos.

  3. Cambio en las prioridades personales: Las nuevas generaciones en China —especialmente mujeres jóvenes con educación superior y mayores oportunidades laborales— están más enfocadas en su carrera, su calidad de vida y su independencia, y muchas ven la crianza de hijos como un sacrificio que no quieren asumir en este momento.

  4. Efectos persistentes del pasado: A pesar de que las políticas restrictivas terminaron hace años, la sociedad ya había cambiado profundamente sus expectativas y hábitos reproductivos, lo que hace más difícil revertir décadas de mentalidad baja en cuanto a natalidad.

El impacto demográfico ya es real

El resultado de este descenso en los nacimientos es una población que no solo deja de crecer, sino que está retrocediendo: la población total de China en 2025 se ubicó en alrededor de 1.405 mil millones de personas, unos 3.39 millones menos que el año anterior. Este es el cuarto año consecutivo de caída demográfica.

Lo que hizo que esta caída fuera aún más significativa es que las muertes superan a los nacimientos: las estadísticas muestran que en 2025 murieron más de 11.3 millones de personas, mientras que los nacimientos fueron menos de 8 millones, lo que impulsa una pérdida natural de población que no se ve hace décadas.

Consecuencias económicas y sociales

Este cambio demográfico tiene implicaciones profundas para el futuro de China. En primer lugar, la población está envejeciendo rápidamente: cerca del 23 por ciento de los habitantes tiene más de 60 años, lo que pone una enorme presión sobre los sistemas de pensiones y de atención sanitaria.

Además, al haber menos jóvenes que entren al mercado laboral cada año, la fuerza de trabajo se reduce. Esto no solo afecta la productividad económica, sino que también pone en riesgo el crecimiento a largo plazo, sobre todo en sectores que dependen de trabajadores jóvenes y dinámicos.

Otro punto importante es que esta transformación sociodemográfica se da en un momento en el que China atraviesa una transición económica: está tratando de pasar de un modelo basado en manufactura masiva a uno más orientado hacia servicios e innovación tecnológica. Pero una población que envejece rápidamente y una base laboral más reducida complican esa transición.

¿Qué está intentando hacer el gobierno ahora?

Las autoridades chinas no se han rendido. Han lanzado varias iniciativas para tratar de revertir la tendencia, incluyendo:

  • Subsidios económicos para familias con hijos.

  • Beneficios fiscales para padres.

  • Políticas más flexibles de guarderías y cuidados infantiles.

  • Incluso campañas sociales y visitas a domicilio para fomentar la natalidad.

Sin embargo, hasta ahora estos esfuerzos han tenido un impacto limitado y no han logrado un repunte sostenible en la tasa de nacimientos.

El desafío del futuro

El caso de China no es único —otros países de Asia, como Japón y Corea del Sur, también enfrentan tasas de natalidad bajas— pero sí es uno de los más dramáticos por la escala de la población y su peso en la economía global.

Los expertos señalan que sin cambios estructurales más profundos —como apoyo social más fuerte a las familias, mejores políticas laborales y un enfoque integral en reducir los costos de vida— no se espera una reversión significativa en la tendencia actual. Algunos incluso advierten que si no hay cambios radicales, China podría ver una población mucho menor hacia mediados del siglo XXI.

Botón volver arriba

Bloqueador de anuncios detectado

Por favor, considere ayudarnos desactivando su bloqueador de anuncios