Ucrania cumple cuatro años de guerra: la vida sigue entre bombas, resiliencia y heridas abiertas
Ucrania conmemora el cuarto aniversario de la invasión rusa marcado por el aumento de las víctimas civiles y las negociaciones infructuosas con una Rusia.

El 24 de febrero de 2022, Rusia lanzó una invasión que muchos consideraron imposible en pleno siglo XXI: una agresión a gran escala contra su país vecino, Ucrania. Cuatro años después, aquel acto de fuerza que se esperaba corto se ha convertido en uno de los conflictos más prolongados y devastadores de la Europa contemporánea. A pesar de todo, la vida continúa bajo la sombra de la guerra —y Ucrania sigue en pie.
Una rutina bajo fuego
Caminar por las calles de Kiev, Járkov o cualquier otra ciudad ucraniana hoy es una experiencia que mezcla lo cotidiano con lo extraordinario. Por las mañanas, suena una sirena: no como advertencia sino como una pausa colectiva para honrar a las víctimas. Minimercados, cafeterías y oficinas se detienen un minuto y luego todo vuelve a su ritmo habitual.
Ese contraste resume la paradoja ucraniana: una sociedad que intenta vivir como antes, mientras lucha por sobrevivir en un contexto de guerra persistente.
En zonas urbanas, la energía y el agua pueden fallar, las alarmas contra ataques aéreos suenan con regularidad y muchas familias han adaptado espacios de sus hogares o edificios públicos como refugios improvisados.
El costo humano de la guerra
Hablar de cifras es difícil —y político—, pero los números disponibles dan idea de la magnitud del conflicto:
Cerca de 500 000 – 600 000 personas han muerto entre civiles y combatientes desde el inicio de la invasión, convirtiendo esta guerra en la más letal en Europa desde la Segunda Guerra Mundial.
Si se suman los heridos, desaparecidos y discapacitados, algunas estimaciones elevan las bajas totales a cerca de dos millones en ambos bandos.
La Oficina de Derechos Humanos de Naciones Unidas documenta decenas de miles de víctimas civiles confirmadas, aunque se reconoce que los datos reales probablmente sean mucho mayores.
Según cifras oficiales de Ucrania, más de 90 000 personas están desaparecidas; la mayoría son combatientes, aunque también hay civiles en esa lista.
Estas cifras reflejan solo una parte del costo humano: tras cada número hay historias de familias desgarradas, hijos sin padres, hogares destruidos, amistades truncadas y comunidades enteras desplazadas.
Desplazamiento y crisis humanitaria
El conflicto ha generado una de las mayores crisis de desplazamiento en Europa desde 1945. Más de 5.9 millones de ucranianos han buscado refugio fuera del país, y casi 3.7 millones están desplazados dentro de Ucrania.
Para millones, esta no es solo una estadística: es la pérdida de una estabilidad, de un hogar, de la escuela de los niños o de un lugar de trabajo. Las calles de Varsovia, Berlín o Lviv siguen siendo testigos de familias enteras que intentan recomenzar desde cero.
Territorio en disputa
A pesar de los cuatro años de resistencia, Rusia mantiene ocupada aproximadamente una quinta parte del territorio ucraniano —incluidas partes del este y sur del país—, aunque en 2025 y principios de 2026 las fuerzas ucranianas han logrado recuperar porciones del sur, en lo que se considera un avance lento pero significativo.
Para el presidente Volodymyr Zelensky, este no es un simple dato militar, sino una prueba de la resiliencia del país. En conmemoraciones oficiales de este cuarto aniversario, Zelensky ha destacado que Rusia no ha logrado quebrar el espíritu ucraniano ni destruir su estado.
El frente militar: drones, desgaste y nuevas tácticas
La guerra en Ucrania ha marcado un cambio profundo en la naturaleza de los conflictos modernos. El campo de batalla, antes dominado por tanques y artillería pesada, ahora está saturado de drones de vigilancia y ataque.
Estos vehículos no tripulados baratos y versátiles han redefinido el combate, impactando profundamente en la forma en que se libra la guerra. Su uso ha aumentado las bajas militares al mismo tiempo que ha complicado las operaciones tradicionales de artillería y maniobras terrestres.
La economía en tiempos de guerra y la reconstrucción
La guerra no afecta solo a las vidas humanas y al terreno militar, también golpea la economía. El Banco Mundial, las Naciones Unidas y la Comisión Europea estiman que la reconstrucción de Ucrania podría costar más de 588 mil millones de dólares en la próxima década, tras un aumento de 12 % respecto a estimaciones anteriores.
Las infraestructuras —desde carreteras y viviendas hasta centrales eléctricas— han sido destruidas o severamente dañadas, lo que obliga a pensar no solo en la reconstrucción física, sino también en la recuperación social y económica de millones de ciudadanos.
El apoyo internacional: solidaridad y divisiones
Desde el inicio de la guerra, Ucrania ha recibido un amplio respaldo de Occidente, particularmente por parte de la OTAN y la Unión Europea. En una ceremonia reciente en Bruselas, el secretario general de la OTAN resaltó el valor del pueblo ucraniano y su derecho a defender su soberanía.
Sin embargo, el apoyo no está exento de tensiones. En ocasiones, el flujo de ayuda militar y económica ha sido objeto de debate en algunos países, con discursos políticos que oscilan entre la solidaridad y la presión por priorizar asuntos internos.
La Asamblea General de la ONU aprobó unánimemente una resolución que condena la agresión rusa y exige un alto al fuego —aunque con abstenciones diversas y sin efecto inmediato sobre las negociaciones.
Derechos humanos y acusaciones de crímenes
Organismos como Human Rights Watch han denunciado abusos constantes en territorios ocupados, incluyendo deportaciones forzadas, violaciones sistemáticas de derechos humanos, tentativa de suprimir la identidad ucraniana en áreas bajo control ruso, y presiones sobre la población civil.
El uso de escuelas, hospitales y servicios públicos como instrumentos de control, así como la imposición de leyes rusas en territorios ocupados, han sido documentados y calificados como violaciones graves del derecho internacional.
¿Hacia dónde va la guerra?
Cuatro años después, el conflicto no da señales claras de un final inminente. Las negociaciones de paz, aunque perseguidas por múltiples mediadores internacionales, siguen estancadas, sin un acuerdo que satisfaga de manera realista a ambas partes.
Los escenarios posibles oscilan entre una escalada mayor —con riesgos impredecibles para la seguridad europea— y una prolongación del conflicto en un limbo doloroso que prolongue el sufrimiento de millones.
Resiliencia y memoria
Quizás uno de los aspectos más poderosos de estos cuatro años no sea solo la lucha armada, sino cómo la sociedad ucraniana ha transformado el duelo en memoria activa y resistencia cultural. Cada 24 de febrero, las sirenas y los silencios compartidos recuerdan a quienes ya no están, mientras que comunidades enteras organizan actos, conciertos, exposiciones y memoriales para mantener viva la memoria colectiva.
Al final, Ucrania no solo enfrenta balas, misiles y drones; enfrenta el reto de reconstruir su tejido social, reconstituir sus historias y reafirmar su identidad. Y aunque la guerra deja cicatrices profundas, la determinación de seguir adelante sigue siendo uno de los signos más claros de estos cuatro años.