Tiroteo en Canadá deja 9 muertos y al menos 25 heridos en una escuela
Dos de las víctimas fueron halladas en una vivienda

El martes 10 de febrero de 2026, la tranquila comunidad de Tumbler Ridge, en el norte de Columbia Británica, Canadá, vivió uno de los episodios más devastadores de su historia reciente. Un tiroteo masivo ocurrido en la Tumbler Ridge Secondary School y en una vivienda cercana dejó al menos nueve personas muertas y más de 25 lesionadas, según las autoridades locales y la Real Policía Montada de Canadá (RCMP).
Este hecho no es solo otra estadística trágica: es un evento que vuelve a poner en tela de juicio todo lo que creemos sobre seguridad, salud mental, control de armas y la fragilidad de nuestras instituciones más fundamentales: las escuelas.
Lo que ocurrió: secuencia de los hechos
Según informes oficiales, la agresión comenzó en una casa vinculada al sospechoso, donde dos personas fueron asesinadas, antes de que el atacante se dirigiera a la escuela secundaria.
Una vez allí, disparó contra estudiantes y personal educativo, dejando como resultado:
Cinco estudiantes muertos, con edades que oscilaban entre los 12 y 13 años.
Una profesora fallecida, de aproximadamente 39 años.
Además de las víctimas encontradas en la vivienda.
La presunta atacanta fue localizada sin vida en el lugar, aparentemente por un tiro autoinfligido.
Más de 25 personas quedaron heridas y fueron trasladadas a hospitales, algunas con lesiones graves. La escuela, con apenas unos cientos de alumnos, fue evacuada de inmediato.
La comunidad de Tumbler Ridge: impacto en una localidad pequeña
Tumbler Ridge es un pueblo remoto, con apenas alrededor de 2 400 habitantes, profundamente arraigado en una vida tranquila cerca de las montañas rocosas. Que en un lugar así ocurra un suceso de esta magnitud —uno de los tiroteos más mortíferos en Canadá en décadas— deja perpleja no solo a la región, sino a todo el país.
Vecinos, familias y autoridades describen un lugar donde todos se conocen, donde los niños juegan tranquilos en la calle y donde la violencia extrema parecía casi imposible. El impacto psicológico de este ataque será duradero, y aún se evalúa cómo reconstruir la sensación de seguridad que una vez existió ahí.
Quién era el sospechoso
Aunque inicialmente se describió al agresor simplemente como “una mujer con vestido y cabello castaño”, investigaciones posteriores han identificado al sospechoso como Jesse Van Rootselaar, de 18 años.
La policía ha confirmado que Van Rootselaar tenía una relación con la localidad —era exalumna del mismo centro educativo— y que las autoridades habían respondido previamente a llamadas por preocupaciones sobre su salud mental y posesión de armas.
En años anteriores, las autoridades habían incautado armas de la residencia de Van Rootselaar por motivos de seguridad, pero luego fueron devueltas tras una petición legal, lo que ha generado polémica sobre si se actuó con la suficiente cautela.
Rostros detrás de los números: víctimas humanas
Lo que muchas veces los medios tratan como cifras frías, acá son vidas truncadas:
Kylie Smith, de 12 años, descrita por su familia como “la luz de la casa”.
Abel Mwansa Jr., también de 12 años, con pasión por la ciencia y sueños grandes.
Eziekiel Schofield, de 13, jugador de hockey local.
Ticaria Lampert y Zoey Benoit, niñas de 12 años con talentos e intereses únicos.
La profesora Shannda Aviugana-Durand, una educadora de 39 años querida por alumnos y colegas.
Además, dos víctimas adicionales —la madre y el hermanastro del sospechoso— fueron halladas sin vida en el domicilio previo al ataque.
Reacción oficial: llanto y promesas
El primer ministro de Canadá, Mark Carney, describió el evento como un “día muy difícil para la nación” y expresó empatía hacia las familias de las víctimas, prometiendo apoyo completo del gobierno.
Representantes políticos provinciales también han destacado la rapidez de respuesta de las fuerzas del orden, que llegaron al lugar en cuestión de minutos y lograron evacuar de forma segura a muchos estudiantes.
Se ha convocado una vigilia oficial en el pueblo, con la presencia de líderes nacionales y provinciales, para honrar a quienes murieron y apoyar a los sobrevivientes y familias afectadas.
Reflexión crítica: ¿por qué vuelve a ocurrir esto?
Este tiroteo revive preguntas incómodas que muchas sociedades intentan evitar. Canadá, a diferencia de otros países, tiene leyes de armas relativamente estrictas, incluyendo prohibiciones en armas de estilo militar y regulaciones sobre ventas de pistolas.
Aun así, la violencia extrema se abre paso. Los hechos en Tumbler Ridge plantean varias interrogantes que es imprescindible debatir:
Salud mental y prevención
La historia del agresor incluye episodios previos de problemas de salud mental y la intervención policial en varias ocasiones antes de que ocurriera la tragedia. ¿El sistema de salud y de intervención fue realmente efectivo? ¿Hubo fallos en el seguimiento o en la coordinación entre servicios de salud y autoridades?
Acceso a armas
A pesar de regulaciones restrictivas, el hecho de que las armas fueran devueltas a una casa con antecedentes de preocupación sugiere una brecha entre políticas y su aplicación práctica. ¿Cómo se equilibran derechos individuales con protección colectiva?
Violencia en entornos educativos
Aunque los tiroteos escolares son menos frecuentes en Canadá que en ciertos otros países, cuando ocurren impactan con una fuerza psicológica enorme porque implican a niños y jóvenes —el futuro de una sociedad— como víctimas inocentes.
Estas cuestiones no tienen respuestas fáciles, pero ignorarlas no evitará que tragedias así se repitan. Un debate público informado y valiente es necesario, junto con políticas de salud mental, prevención y control de armas que realmente funcionen.
Impacto social: una comunidad herida, una nación en duelo
Más allá de las estadísticas, lo que queda tras esta masacre es una comunidad entera tratando de recuperar la normalidad y familias afrontando un dolor irreparable. Las escuelas cerraron durante varios días, y servicios de apoyo psicológico han sido movilizados para atender a sobrevivientes, personal educativo y familiares.
La gravedad de este tiroteo está a la par de otros eventos trágicos en la historia moderna de Canadá, recordando especialmente el ataque de 1989 en la École Polytechnique de Montreal, donde 14 mujeres fueron asesinadas en un acto de violencia misógina.
Conclusión: detrás de la tragedia
Este tiroteo en Tumbler Ridge no es solo un titular impactante de 24 horas. Es un llamado a reflexionar con honestidad sobre múltiples fallas —individuales, institucionales y estructurales— que permiten que alguien llegue a un punto en el que comete un acto tan cruel y devastador.
Mientras Canadá llora a sus muertos y apoya a sus heridos, la sociedad global debe preguntarse:
¿Qué estamos haciendo para prevenir estos eventos?
¿Cómo protegemos nuestras escuelas y comunidades sin perder humanidad?
¿Cómo equilibramos libertad, seguridad y salud mental de manera responsable?
Responder estas preguntas no es fácil, pero ignorarlas es una invitación a que tragedias como esta ocurran de nuevo. Esta dolorosa pérdida debe servir como un punto de inflexión para que, colectivamente, seamos mejores, más atentos y más proactivos.