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“Muy injusto, no se puede ahorcar a un pueblo así”: el duro señalamiento de Sheinbaum contra las sanciones de EEUU y sus consecuencias

La promesa de solidaridad con Cuba de Sheinbaum ocurrió a pesar de reconocer que es un tema que provoca diferencias con el gobierno de Estados Unidos.

Cuando escuchamos declaraciones como la de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien calificó de “muy injusto” el endurecimiento de sanciones y aranceles que Estados Unidos pretende imponer a países que exporten petróleo a Cuba, no se trata solo de una frase más en la tribuna política. Es un señalamiento con una fuerte carga crítica y una profunda raíz diplomática, que toca fibras sensibles del debate internacional, la soberanía, la solidaridad y las tensiones crecientes entre la política exterior mexicana y la administración estadounidense.

En una conferencia matutina desde Palacio Nacional este lunes 9 de febrero de 2026, Sheinbaum no se contuvo al criticar las amenazas de aranceles y sanciones de Washington. Calificó estas medidas como una estrategia que no solo es desproporcionada, sino claramente injusta por su impacto directo en la población cubana, que ya vive una severa crisis energética y social —con hospitales y escuelas vulnerables, y una escasez de combustible que afecta incluso a la aviación civil.

Un discurso con doble filo: denuncia y política exterior

La presidenta no solo rompió con la neutralidad típica que suelen guardar algunos mandatarios en temas de política internacional, sino que se adentró en una crítica frontal a una política estadounidense ampliamente conocida por su dureza histórica. En sus palabras, la imposición de aranceles a quienes envíen petróleo a Cuba no solo es una medida económica, sino una forma de “ahorcar a un pueblo”, lo cual, en su opinión, trasciende cualquier debate ideológico sobre el régimen cubano o sus líderes.

Ese matiz es esencial: Sheinbaum enfatiza que su crítica no proviene necesariamente de una defensa política del gobierno cubano. Más bien, hace hincapié en un principio fundamental de su política exterior —que México ha expresado en múltiples foros internacionales—: no se deben imponer sanciones que terminen afectando a las poblaciones civiles, independientemente de las inclinaciones políticas de sus gobiernos.

De hecho, Sheinbaum subrayó que México continuará enviando ayuda humanitaria a Cuba, incluso ante la presión diplomática que podría derivarse de estas sanciones de Estados Unidos. Estos envíos ya se reflejaron recientemente en dos buques militares mexicanos con más de 814 toneladas de víveres —alimentos básicos, productos de higiene y otros insumos esenciales— que llegaron a la isla en medio de la crisis.

Las sanciones de EEUU: ¿objetivo estratégico o impacto humanitario?

La decisión del gobierno de Estados Unidos de imponer aranceles a países que exporten petróleo a Cuba es parte de un paquete más amplio de sanciones económicas. La administración estadounidense ha defendido estas medidas alegando motivos de seguridad nacional y presión política sobre la isla, argumentando que restringir los principales suministros de petróleo —sobre todo tras la captura en enero de Nicolás Maduro, un aliado clave de Cuba— podría debilitar al régimen.

Este enfoque, sin embargo, ignora un punto crucial: Cuba no es un solo bloque gubernamental sobre el que se pueda ejercer presión aislada, sino una población que depende de esos recursos para servicios básicos. La escasez de combustible no solo limita la producción agrícola o el transporte, sino que afecta a hospitales, infraestructura eléctrica y actividades cotidianas que sostienen la vida social y económica de millones de ciudadanos.

Mientras Washington sostiene que estas medidas forman parte de una estrategia más amplia hacia el Caribe, sus críticos —como Sheinbaum y otros analistas internacionales— advierten que este tipo de sanciones terminan castigando primero a la población civil más vulnerable, no a las élites políticas que las medidas supuestamente intentan presionar.

Este debate no es nuevo, pero ha ganado intensidad porque la amenaza de aranceles no solo se dirige a Cuba, sino a cualquier país que se atreva a comerciar o cooperar con la isla. De hecho, México ha suspendido temporalmente sus envíos de petróleo precisamente por el temor a represalias económicas, aunque sigue explorando vías diplomáticas para reanudarlos de forma que no incurra en sanciones directas.

Solidaridad versus soberanía

Para Sheinbaum, la postura de México responde a una mezcla de solidaridad humanitaria y soberanía de decisión. Su argumento se basa en que la política exterior mexicana ha tendido históricamente hacia la no injerencia en asuntos internos ajenos, pero también hacia el apoyo a poblaciones que enfrentan crisis humanitarias, ya sea por desastres naturales o por políticas económicas opacas.

Ella ha repetido que México no puede “ser omiso” ante la situación que vive Cuba, y que las acciones diplomáticas para reanudar envíos de petróleo —sin violar sanciones o poner en riesgo al país— seguirán siendo una prioridad para su gobierno.

Este enfoque plantea una pregunta delicada: ¿hasta qué punto un país puede o debe actuar en solidaridad, incluso cuando existe riesgo de sanciones de potencia global como Estados Unidos? Para muchos especialistas en relaciones internacionales, la respuesta pasa por encontrar un equilibrio, evitando que las sanciones se traduzcan en crisis humanitarias que afectan de manera desproporcionada a la población civil.

El impacto real en Cuba

La falta de petróleo en la isla ya ha tenido consecuencias tangibles. Cuba ha reportado la escasez de combustible para la aviación, lo que afecta directamente al turismo —uno de los pilares económicos más importantes del país— así como el transporte y la logística interna. Las restricciones derivadas de la crisis energética han llevado incluso al cierre temporal de hoteles, eventos culturales y una reorganización de servicios estatales.

Además, la falta de combustible agrava una situación económica ya precaria y desencadena incertidumbre social y migratoria. Estas condiciones no solo son instrumentos de presión política, sino realidades concretas que enfrentan millones de personas en la isla —muchas de ellas, más allá de sus afinidades políticas o simpatías ideológicas.

En este contexto, las declaraciones de Sheinbaum no solo son un acto retórico, sino una defensa de un principio que interpela a la comunidad internacional: si las sanciones tienen consecuencias humanitarias, es necesario cuestionar su legitimidad y reorientar las políticas hacia soluciones que no castigen a los más vulnerables.

Más allá de la retórica: diplomacia y realismo político

Es importante recordar que estas tensiones ocurren en un contexto más amplio de relaciones entre México y Estados Unidos, así como de la política exterior mexicana. Sheinbaum ha insistido en que México está dispuesto a favorecer el diálogo, no solo con Cuba, sino también entre Washington y La Habana, sobre la base de los principios constitucionales de la diplomacia mexicana, que incluyen el respeto, la no intervención y la solución pacífica de controversias.

Este llamado al diálogo no es trivial. Sugiere un intento de México de actuar como puente diplomático entre dos gobiernos con una historia de tensiones profundas, lo cual plantea desafíos gigantescos pero también oportunidades para aliviar una crisis que tiene efectos humanitarios directos.

La política interna y externa se cruzan

El debate sobre las sanciones no solo se queda en el terreno internacional. También tiene repercusiones internas en México. La suspensión temporal de envíos petroleros y las negociaciones para evitar sanciones muestran cómo las políticas económicas y energéticas de un país pueden verse influidas por la política exterior de otro. Esta interdependencia obliga a los gobiernos a pensar más allá de sus fronteras y medir cuidadosamente sus acciones, no solo en términos de soberanía, sino también de impacto en sus propios ciudadanos.

Al final, lo que Sheinbaum denuncia como “muy injusto” es, en esencia, un conflicto entre dos formas de ver el mundo: una que prioriza el castigo económico como instrumento de presión, y otra que pone el foco en las consecuencias humanas de dichas medidas.

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