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La marcha de la Generación Z: expectativas altas… ¿y la realidad?

La idea de una marcha liderada por jóvenes para sacudir las cosas suena esperanzadora. Pero al mirar más de cerca la movilización de la Generación Z, empieza a aparecer un choque entre lo que se soñó y lo que realmente está pasando.

¿Por qué se levantaron?

Estos jóvenes —en su mayoría entre los 18 y los 28 años— empezaron a movilizarse porque sienten que el sistema que les tocó ya no les da juego. No tienen la estabilidad laboral que había para generaciones anteriores, ven un futuro donde ahorrar, comprar un casa, jubilarse… cuesta imaginarlo.

Además, en países como el Perú, la chispa fue la reforma de pensiones que obligaba a los jóvenes a afiliarse a los fondos del sistema.

Entonces se juntó la rabia, la incertidumbre y las ganas de actuar.

Expectativas: lo que se esperaba

Se esperaba que esta marcha fuera un momento de empoderamiento juvenil: que los Gen Z salieran a las calles, dijeran “ya basta”, marcaran agenda, y lograran que los políticos los escucharan de verdad. Que no fuera solo un “qué mal está todo”, sino un empujón hacia algo concreto.
Imagínate pancartas, hashtags, transmisión en vivo, una generación que dice “nos toca a nosotros también”. Una renovación.

Realidad: lo que está pasando

Y claro, la realidad es más compleja:

  • El movimiento no siempre tiene una estructura clara. No hay siempre un solo líder, ni un solo objetivo definido. Algunos analistas dicen que la Generación Z se moviliza, pero también se fragmenta.

  • Los reclamos son variados: desde pensiones, hasta inseguridad, hasta desigualdad. Cuando haces muchas reivindicaciones al mismo tiempo, el foco se diluye.

  • Algunos medios y autoridades los acusan de que la marcha se ha “politizado” o que ya no es solo jóvenes, sino que actores externos quieren colgarse del movimiento. Eso resta a esa imagen de “nosotros por nosotros”.

¿Y entonces qué?

No todo está perdido, para nada. La efectividad de un movimiento como este no siempre se mide en resultados rápidos — a veces es el inicio de algo más grande.
Pero sí sería bueno que los participantes pudieran:

  • Definir metas claras (¿qué queremos lograr y cuándo?)

  • Mantenerse autónomos (que no se conviertan en instrumento de otros intereses)

  • Traducir las movilizaciones en propuestas reales, concretas, para que no queden solo en las plazas ni en los memes.

La marcha de la Generación Z lo tiene todo para ser un momento histórico — la energía, la indignación, la motivación. Pero también se enfrenta a la cruda realidad de que movilizarse es solo el primer paso. Traducir esa movilización en cambios reales es lo que definirá si fue una chispa o un fuego que transformó algo.

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