Internacional

Irán mueve ficha en Ormuz mientras el mundo contiene la respiración

El acuerdo para resolver el conflicto que ha podido obtener la televisión estatal de Irán confirmaría la reapertura del tráfico en Ormuz por parte de Teherán a los niveles previos a la guerra en el plazo de un mes, a cambio del fin del bloqueo estadounidense a buques iraníes y la retirada de sus tropas

Irán confirmó que mantiene conversaciones con Omán para diseñar un nuevo mecanismo que permita reabrir parcialmente el estratégico estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más sensibles del planeta y por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial. La negociación llega después de semanas de tensión militar, bloqueos y amenazas cruzadas entre Teherán, Estados Unidos e Israel.

La información, difundida inicialmente por la televisión estatal iraní y confirmada por portavoces diplomáticos, revela que Teherán busca establecer un sistema coordinado con Omán para gestionar el tránsito marítimo en la zona. Aunque oficialmente se habla de “seguridad” y “estabilidad”, el trasfondo es mucho más complejo: Irán intenta convertir el control de Ormuz en una herramienta de presión geopolítica y económica.

El estrecho de Ormuz dejó de ser únicamente un corredor energético. Se ha convertido en el epicentro de una batalla diplomática donde cada barco, cada petrolero y cada movimiento militar tiene implicaciones globales. La guerra iniciada tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán alteró el equilibrio regional y disparó el temor a un colapso energético internacional.

En medio de ese escenario, Omán vuelve a desempeñar el papel que históricamente ha intentado conservar: mediador silencioso entre enemigos irreconciliables. Mascate mantiene relaciones relativamente estables tanto con Washington como con Teherán, lo que lo convierte en uno de los pocos actores capaces de sentar a ambas partes en una mesa de negociación.

Sin embargo, detrás del lenguaje diplomático emerge una realidad incómoda. Irán no parece dispuesto a devolver el control total del estrecho sin obtener algo a cambio. Entre las condiciones que se discuten aparecen el levantamiento parcial de sanciones, el fin del bloqueo estadounidense sobre puertos iraníes y garantías de seguridad para sus embarcaciones.

La posibilidad de crear un nuevo organismo encargado de autorizar el tránsito marítimo también genera preocupación internacional. Teherán ya había anunciado semanas atrás la creación de una autoridad especial para supervisar los cruces por Ormuz, incluyendo permisos y posibles cobros vinculados a seguridad y navegación. Aunque Irán niega que se trate de “peajes”, en la práctica busca ejercer un control político y económico sobre una arteria vital del comercio mundial.

Mientras tanto, Estados Unidos intenta vender la idea de un acuerdo cercano, aunque las negociaciones siguen rodeadas de desconfianza. Donald Trump aseguró recientemente que un pacto para reabrir Ormuz estaría “prácticamente listo”, pero desde Teherán respondieron con cautela, acusando a Washington de enviar mensajes contradictorios mientras mantiene operaciones militares en la región.

La contradicción es evidente: mientras diplomáticos hablan de paz, continúan los movimientos militares cerca del golfo Pérsico. En los últimos días, Estados Unidos justificó nuevos ataques contra posiciones iraníes alegando “legítima defensa”, después de detectar actividades vinculadas al minado marítimo y lanzamientos de misiles cerca de Ormuz.

Más allá de la retórica política, el mundo observa con nerviosismo porque cualquier interrupción prolongada en el estrecho puede disparar los precios del petróleo, afectar cadenas de suministro y provocar nuevas crisis económicas. Lo que ocurre en ese pequeño corredor marítimo no se queda en Oriente Medio: impacta directamente en Europa, Asia y América.

La negociación entre Irán y Omán demuestra que Teherán entiende perfectamente el valor estratégico de Ormuz. Ya no se trata únicamente de resistencia militar, sino de utilizar la geografía como instrumento de negociación global. Y mientras las potencias discuten borradores, treguas y memorandos, el estrecho sigue siendo el punto más frágil del tablero internacional.

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